¿Quién llama a mi puerta? "Who's that knocking at my door" 1967, Martin Scorsese

En 1967, Martin Scorsese era un joven prometedor que ya impartía clases en la escuela de cine en la que se acababa de licenciar y que contaba en su haber con un par de intrépidos cortometrajes. Tenía veinticinco años y la imperiosa necesidad de afrontar su primera película, aunque careciese de medios y tuviera que pedir favores a todo el mundo. Por ejemplo, a dos de sus compañeros de estudios: Harvey Keytel y Thelma Schoonmaker. El primero como actor y la segunda como montadora, se embarcaron en un proyecto que trataba de capturar el día a día de un pequeño grupo de jóvenes sin futuro en el barrio neoyorquino de Little Italy. Una situación que Scorsese conocía bien, ya que formaba parte de su paisaje cotidiano y que quiso retratar apelando al espíritu de la nouvelle vague y de John Cassavetes, dos de sus grandes influencias en aquella época.
Sorprende descubrir que en ¿Quién llama a mi puerta? aparecen ya algunos de los principales rasgos de estilo del director. En términos cinematográficos, está la incorporación de canciones en el argumento, el dinamismo del montaje y de la cámara, y las interpretaciones intensas. Mientras que en el aspecto narrativo, están los personajes que buscan definir su identidad, los paisajes urbanos y el tratamiento de la violencia. Se podría decir que con esta película, Scorsese firma una inmejorable carta de presentación y tiende los raíles por los que circulará su obra en adelante.
Las imágenes del film exhiben orgullosas su condición de opera prima: contienen inmediatez y nervio, transmiten la urgencia por expresarse dentro de la austeridad del 16 mm. en blanco y negro. Para ello, Scorsese no elabora un guión convencional con planteamiento, nudo y desenlace, sino que intercala saltos en el tiempo, incorpora secuencias musicales, emplea ralentizados, montajes paralelos... en suma, un buen número de herramientas que, en manos de otro director, hubieran podido resultar injustificadas o superficiales, pero que Scorsese desarrolla con plena coherencia.
Lo mejor que se puede decir de ¿Quién llama a mi puerta? es que, detrás de cada una de las escenas del film, se percibe a un equipo entregado y consciente de estar haciendo algo distinto. Martin Scorsese era entonces un artista impetuoso, igual que hoy, pero sin el cálculo que se adquiere con la experiencia. Visto en perspectiva, el debut del director se antoja como uno de los trabajos más estimulantes, innovadores y libres de su filmografía. Lo que es decir mucho.
Para muestra, un botón. La escena en la que la pandilla de amigos se reúne para expandir su arsenal de testosterona italoamericana. Un momento hipnótico que, medio siglo después, sigue conservando toda su fuerza:

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