María (y los demás). 2016, Nely Reguera

La familia es uno de los temas predilectos de los directores españoles que debutan en el cine. Hay infinidad de nombres que lo demuestran, desde Bardem, Gutiérrez Aragón, Armendáriz, Médem o León de Aranoa, hasta los más recientes de Mar Coll, Lara Izagirre o Miguel del Arco. La barcelonesa Nely Reguera se incorpora a esta lista con María (y los demás), una visión crítica y descarnada de la institución.
El guión sigue los pasos de María, una treintañera que sujeta las riendas de la familia ante la ausencia de la madre y la enfermedad del padre. Todo cambia el día en que éste último anuncia su compromiso con una enfermera que amenaza con derrumbar la realidad construida por María con esfuerzo. Una rutina cargada de medicamentos, comidas y decisiones, que han postergado los cuidados que la protagonista se debe a sí misma. La película no fija solamente una fotografía de conjunto, sino que elabora el retrato certero de las inquietudes que atenazan a las mujeres como María, aquellas a las que todos preguntan cuándo van a emparejarse y fundar una familia.
Reguera firma su opera prima cuidando la  narración y depositando una gran responsabilidad en los actores. Algunos como José Ángel Egido y Pablo Derqui ya habían trabajado antes con la directora, mientras que otros como Vito Sanz o Julián Villagrán descubren nuevas vías de expresión y flanquean, todos a una, la labor de Bárbara Lennie. La actriz que pone rostro a María demuestra estar en un gran momento de madurez profesional, volcando en su personaje una variedad de recursos interpretativos que insufla vida a la película. Pocas actrices como ella congregan la naturalidad, la fotogenia y el dominio frente a la cámara. Lennie es más que María, es la película en sí misma, un valor que la directora potencia y que eleva el resultado sobre la mayoría de las primeras obras. Consciente de los elementos artísticos que tiene en escena, Reguera no distrae la atención del espectador con complicados movimientos de cámara o una planificación demasiado elaborada. Al contrario, hay una intención de hacerse invisible y de no interferir en la comunicación directa que se establece entre los actores y el público. Reguera lo consigue mediante una dirección sencilla pero efectiva, con algunos destellos de creatividad como la secuencia en la cual la protagonista fantasea con el éxito literario. Aitor Echevarría se hace cargo de la fotografía, todo un ejemplo de naturalismo aplicado a la luz, y Nico Casal de la música, con una partitura breve pero de enorme belleza.
En suma, María (y los demás) es una película que pone en relieve sus capacidades y que descubre a Nely Reguera como una cineasta a la que seguir la pista. Pero sobre todo, es la confirmación de que Bárbara Lennie es una de las actrices más dotadas de su generación, capaz de expandir su talento por cada rincón del encuadre. Ella le pone mirada y voz a muchas mujeres que, al igual que María, están destinadas a cambiar el rumbo de sus vidas, más allá de las imposiciones que dicta la costumbre. Una invitación a reaccionar y dar un paso adelante.

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